Nos hemos dado un desafío que, por momentos, parece tan inmenso como inabordable. Es que la refundación y la nueva significación del espacio público costero tardará años de trabajo sostenido. En el medio, entre fricciones inevitables, se entrelazan ilusiones y el nerviosismo de quienes sentían derechos adquiridos por la ocupación irregular de espacios públicos de costa.
Aunque parezca mentira, el frente costero de la ciudad estuvo cerca de llegar a un punto sin retorno de degradación ambiental. Esto porque, ante la vista de toda la comunidad, y con la complicidad necesaria de varios sectores, la ex empresa Reciclar, como uno de los tantos ejemplos, volcó y enterró sobre la costa del canal Beagle más de mil metros cúbicos de desechos retirados de las plantas industriales.
Sotto voce, con la culpa propia de los arrepentidos, ya varios confesaron sus sospechas del entierro de transformadores de la Dirección de Energía en el lugar. En el predio, a poco de remover, salieron a la luz cuatro carrocerías enteras, restos de motores, carcasas de televisores y basura que supera todo lo imaginable.
Hacia el oeste, bordeando las playas rellenadas con desechos de todo tipo, se volcaron barriles abandonados con hidrocarburos y se encuentran, como mínimo, baterías, neumáticos, contenedores dañados y en desuso, junto con basura tirada por una de las empresas que comercializa el traslado sus volquetes.
Así cualquiera hace negocios: cobrarle a los usuarios para sacar la basura en de sus domicilios, tirarlos en la costa y no afrontar los costos de ingresar al relleno sanitario de la ciudad.
Fue tan extremo que parece increíble. Si no, pensemos en otro particular que tiró sin autorización residuos y materiales hasta completar más de 24 mil metros cuadrados y, como si nada, modificó la desembocadura del arroyo con mayor caudal de Ushuaia.
Otro, a falta de áridos para vender en su comercio, no tuvo mejor idea que bajar a la playa una cargadora y retirar arena y piedras del lecho costero, dejando una zanja que varios meses después se sigue apreciando en cada baja de mareas. Los ejemplos siguen.
La respuesta que hay que producir está bien resumida: la gestión de los diferentes conflictos costeros hacia un proyecto integrador público que le devuelve a la ciudad uno de sus principales recursos. En estos casos no funcionan los parches, que vienen a simular cambios para que nada cambie. Tampoco las medidas a media marcha, que, cuando se intentar tomar, dejaron en mayor evidencia el conflicto ambiental producido.
Para esto debe ejercerse poder real y no las ficciones que no alcanzan ningún resultado. Varios de los frentistas costeros han tirado de la cuerda para ver cuál era el límite de lo tolerable y las respuestas, aunque no ideales, fueron mucho más alentadoras que las producidas tiempo atrás. Hoy la ciudad suma y recupera, mes a mes, nuevos terrenos destinados al uso público.
Sucede que el Plan de Manejo Costero ha encontrado su sentido. Las diferentes acciones que se han hecho, a pesar de resultar siempre insuficientes a la luz de la complejidad integral del problema, son eslabones y a la vez parte de un todo.
Síntoma de lo que está sucediendo son las expresiones de indignación y movilización comunitaria. Es que hemos alcanzado, aunque sea por una vez, una causa que nos unifica como vecinos de la misma ciudad, y nos hace sentir parte de un objetivo que se está construyendo comunitariamente.
Es el espacio público que tenemos en una ciudad mucho más larga que ancha, carente de plazas y parques como si se tratara de una urbe metropolitana. La costa pública es una franja de kilómetros entre la desembocadura del río Olivia y el límite con el Parque Nacional Tierra del Fuego.
Sin embargo, para que tenga el sentido el trabajo que se está haciendo debe producir resultados concretos y la comunidad debe verlos y disfrutarlos, para satisfacción de miles de familias que, cada uno por sus motivos, terminó viviendo frente a uno de los lugares emblemáticos de la tierra. Algo queda en claro de todo esto: mejor, cuanto más espacio público costero recuperado. Ya que se trata, precisamente, de la construcción de una ciudad para ser vivida con mayor dignidad. El investigador Ernesto Piana hizo una recomendación realista: no intentar grandes cambios repentinos, sino muy pequeñas transformaciones que muchas personas puedan concretar. De eso trata la refundación costera de Ushuaia.


2 comentarios:
hola Guillermo, tu nota me resulto interesante. Hay que profundizar otros temas.
saludos
lucas
la costa es el mejor espacio de la ciudad de ushuaia
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