El sublime encanto de votar

/ 17 may 2011 /

(nota publicada en el www.diariodelfindelmundo.com) El 30 de octubre de 1983 se produjo un hecho sorprendente para la historia democrática de un país que se había acostumbrado a la toma castrense del poder. Las 18 horas de aquella tarde causaron la apasionante fiesta, como era de esperarse, de la finalización del momento de la votación. Electores, autoridades de mesa, fiscales y candidatos se abrazaron y felicitaron entre sí por haber concluido la mítica celebración de votar. Parecía haberse recuperado el espíritu que imagina a la democracia, además de una forma de gobierno, como una esperanza colectiva; un sueño comunitario. Como anhelo y utopía. Como mito, en donde esperamos que se produzcan hechos extraordinarios (los célebres: se coma, se cure y se eduque).
El tan esperado retorno y la aglutinación contraria a quienes tomaron el poder por la fuerza provocó el irrepetible consenso en torno a las elecciones. Fue una fiesta. Los votantes miraban nostálgicos el sello electoral y repasaban las brechas entre cantidad de veces que tendrían que haber votado y las oportunidades negadas que se produjeron. Algunos, conmovidos, valoraban como un gol maradoniano (el del 86, justamente contra los ingleses) el derecho recuperado de votar.
Participar de una elección es ejercer el derecho fenomenal de decidir. Es el momento en donde del habitante se convierte en un sujeto democrático. Es saltar de la silla de espectador y subirse al escenario para actuar por tan sólo los minutos que dura el fundacional acto de elegir las boletas que irán dentro del sobre. Es, aunque hayamos perdido perspectiva, el latir del sistema de representación. Y así, entonces: sin elecciones, no hay democracia.

¿Qué nos pasó, que fuimos perdiendo la ilusión en el camino? Votar es ejercer el derecho de molestar a quienes atentan contra el ideario de una república. Votar es decirle NO a la corrupción, a la impunidad y a la apropiación de lo público en beneficio privado. Es reanimar a la democracia en tiempos de crisis y de desesperanza. Votar es reafirmar los votos de confianza del mejor sistema de gobierno inventado hasta ahora, de allí que pueblo atento, activo y comprometido es una clara señal para los sectores que quieren imponerse como en épocas atroces.
Participar de una elección, votando a cualquiera de las propuestas, es mantener encendida la llama que soñaron nuestros fundadores. ¿Qué dirían San Martín, Belgrano, Moreno, Castelli, de un pueblo que se queja de ir a votar y descuida su soberanía? ¿Qué expresarían los ex presidentes Perón, Irigoyen, Illia, Alfonsín y Kirchner, de una ciudadanía que mira con desgano el ejercicio extraordinario de elegir en democracia?
De hecho, ya perdimos la cuenta de los años del fraude, del robo de documentos, de la parte de la historia política en donde las mujeres eran no–ciudadanas y no podían elegir ni ser elegidas. Por costumbre, hastío o desencanto pareciera que se dejó de lado la costumbre de votar como un acto de poner en peligro a aquellos que atentan contra el bienestar. Participar activamente de una elección es el mecanismo previsto para cambiar de rumbo sin transitar el camino de la violencia y respetar las decisiones que construyen las mayorías.
Votar es elegir, también es dar una señal que indique por dónde hay que dejar de transitar.
Votar es una señal tan genérica (¿qué decimos cuando votamos?) como contundente. La ciudadanía muestra el nivel de interés por el futuro y da un claro mensaje hacia el pasado. En un acto en donde se indica qué se espera para el mañana después de mañana y, a su vez, un claro mensaje hacia el pasado que no se quiere repetir.
Votar, pues, es un acto eminentemente político. Es ejercer la ciudadanía, aunque sea votando en blanco. Faltar, desentenderse, anular el voto son mensajes tan anti políticos como anti democráticos.
Participar de la elección es la forma simple, sencilla y directa de reformar la política. Es actuar como pretendemos que actúen nuestros representantes. Se trata, estrictamente, de mostrar interés individual y colectivo. Es hacer lo que está a nuestro alcance para contribuir a que el sistema funcione como esperamos.
El 26 de junio, aunque suene extraño, es el momento de ocupar el espacio que no queremos que quede vacío, reafirmando que pretendemos mejorar nuestra democracia imperfecta y expresar que esperamos y decidimos soñar con más derechos para todos y no para pocos.
Alguna vez, hace ya muchos años, fue un fuerte anhelo votar. Trabajamos por el voto universal y secreto. Se le ganó al fraude y a las proscripciones. Con los años, las mujeres lograron equiparar sus derechos con los hombres y hoy lograron, por primera vez, la presidencia y la gobernación de dos provincias argentinas.
Votando pusimos a personas en lugares con mucho poder, también los sacamos. Con la indiferencia nunca logramos nada.

3 comentarios:

Anónimo on: 17 de mayo de 2011 a las 5:15 dijo...

Guillermo, muy buena nota sobre la importancia de ir a votar

Anónimo on: 18 de mayo de 2011 a las 6:07 dijo...

soy profesora del Colegio Sobral. Cómo podemos hacer para tener un taller con los alunmos? gracias. Marcela

Anónimo on: 20 de mayo de 2011 a las 1:13 dijo...

Tengo algunas dudas sobre apoyar el voto en blanco. Igual la nota es interesante,
alberto

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