El gato y el cascabel

/ 16 ago 2012 /


Nota publicada en el Diario del Fin del Mundo
Nos viene bien la fábula del gato y el cascabel para analizar la preocupante situación que trae aparejada la falta de un eficiente sistema cloacal en la ciudad. El dilema es el mismo: ¿quién toma la decisión de afrontar el problema y empezar con alguna vía de solución?
Como en el cuento para niños, si nada hacemos, nada se arreglará, y el problema seguirá allí, creciendo día a día; tal como ahora.
El cuento habla de unos ratones que se mueren de hambre porque un gato se les viene encima y no pueden salir de su cueva para buscar alimentos. La fábula tiene varios puntos en común con nuestra realidad, cuando día a día Ushuaia se ve incrementada la contaminación por la falta de tratamiento de las cloacas. Y como no encontramos solución, los efluentes impactan en las napas, vertientes, arroyos, ríos y sobre la primera línea de costa del canal Beagle, que es el lugar donde más se evidencia el daño ambiental.
Como los ratones que no toman ninguna decisión y se van muriendo de hambre por no ponerle “el cascabel al gato”, nosotros contribuimos para que la contaminación avance sin freno alguno y sin solución a la vista.
En la fábula, todo termina con la pregunta del ratón más experimentado que le consulta al grupo de jóvenes, amenazados y hambrientos: “¿quién se hace cargo de ponerle el cascabel al gato?”

Hace muy poco, la semana pasada, este mismo medio informó que en los barrios Albatros, La Oca, y San Vicente muchas viviendas fueron inundadas con aguas servidas. La crónica narró la pavorosa imagen de los líquidos cloacales recorrieron a cielo abierto a lo largo de calle Facundo Quiroga.
El líquido inmundo ingresó en viviendas, recorrió veredas y transitó por varias de las calles de ese sector. Las cámaras de cloacas colapsaron y todo salía a borbotones.
Como en la fábula, los vecinos se hacen la misma pregunta: “ ¿Quién toma la decisión para solucionar el problema?”
Este relato se escribe porque la situación ya no da para más. Las instituciones que forman la COPLAM presentaron informes técnicos y científicos del escalofriante avance de la contaminación por el impacto del vertido directo de las cloacas sobre el frente costero. A su vez, el Fiscal de Estado Virgilio Martínez de Sucre, a principios de año, exhortó al gobierno a revertir la situación por el riesgo para la salud de la población.
La semana anterior, Liliana, una vecina que viven en el sector de esos barrios graficaba: “tenemos problemas porque como se taparon las cámaras, en las casas también rebalsaron las cloacas y no se soporta vivir con desagüe de líquidos cloacales”.
La tensión política entre los ejecutivos de la Provincia y el Municipio, de ninguna manera es una justificación válida para que no se avance en la solución del problema. Apenas comenzó el año, la Legislatura declaró la emergencia hídrica ambiental y amenazaron con tomar el toro por las astas. Se venía un Plan Director cloacal, contratado de forma directa (gracias a la emergencia) y después de eso empezaban las primeras obras para revertir la situación. Media Ushuaia descarga sus aguas grises en ductos que desembocan en los arroyos y ríos que transversalizan la ciudad. La otra parte, desde la Base Naval hacia el oeste, debiera llegar hacía el emisario marino que está en la cabecera del aeropuerto Malvinas Argentinas. Entonces: media ciudad no tiene sistema de tratamiento y la otra colecta los efluentes mediante un sistema que necesita reparación urgente para dejar de dañar las aguas de Bahía Golondrina. Los efectos, en uno y otro sector, son tan negativos como contaminantes.
Para dejar de vivir dentro de un inmundo sumidero Ushuaia tiene que tomar una decisión. Alguien debe ponerle el cascabel al gato.

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