El poder de la decisión personal (a dos años sin Juan Ureta)

/ 22 jun 2011 /
No es menor lo que sucede el próximo domingo. Se decide cómo se distribuirá el presupuesto de la provincia más enriquecida del país, cuáles serán las urgencias, las necesidades y las inversiones con dinero público para el mediano y largo plazo.
Se trata de votar para transferir y habilitar poder, de allí que se busque, desesperadamente, la atracción de los votantes; uno a uno, casa por casa.
El voto tiene mucho mayor valor que el que consideramos. Su atracción provoca la inversión millonaria de todos los sectores que van en su búsqueda en cada elección. La necesidad de votantes hace que cientos de candidatos cambien sus conductas y sus formas de actuar. Se visitan barrios, fábricas, sindicatos, clubes y casas familiares para escuchar necesidades y llevar las propuestas pensadas para solucionar la demanda individual y colectiva. Se dicen las palabras que los valuados votantes quieren escuchar. Salen de su ostracismo personas que entre el 2007 hasta ahora no mostraron mayor intereses por conocer la opinión del gran público elector. Los individualistas se vuelcan a actividades comunitarias (sobre todo si hay público y cámaras que registren) y todo parece ser muy distinto a la meseta democrática que reina hasta los meses de inicio de la campaña electoral.
Obras, anuncios, inauguraciones, soluciones de todo tipo surgen sin explicaciones coherentes para justificar el por qué de tanta hiperactividad pública. Es que tu voto vale, tanto o más de lo que puedas imaginar.

Allí están, todos los caza–votos esperando por recibir tu pequeña transferencia de poder, que sumada a muchos otros habilita a administrar más de 20.000 millones de pesos para la provincia y más de 2.000 millones para cada una de las ciudades, en el término que dura cada uno de los mandatos.
Aunque en apariencia se trate de una decisión individual, el voto tiene impensables impactos colectivos: el futuro del sistema de jubilaciones y pensiones, planes de urbanización y vivienda, creación de puestos de trabajo, explotación de recursos naturales, el tipo de salud, educación y seguridad para los próximos años, entre la inmensidad de decisiones que cambian el rumbo y el futuro de Tierra del Fuego.
Votar en blanco o anular el voto quiere decir, entre otras cosas, “no me hago responsable de lo que pase”. Si algo sale mal, “yo no fui”. “Fueron esos de los que no espero nada”, se escucha como argumentación. No me embarro ni asumo el riesgo de votar erróneamente. Si pasa algo, fueron ellos. Pero “ensobrar nada” o anular el voto es una fantasía en relación al poder. El poder decide, con pocos votos o con muchos. Igual decide, quieras hacerte responsable o no.
Significa, como resultado, que se van a tomar decisiones que modificarán la vida de quienes viven en Tierra del Fuego para los próximos años. Te buscaron tanto… tanto, porque entienden el valor y la fuerza que significa el voto para cada candidatura.

El ejemplo de Juan José Ureta

La verdad es que –tuve el gusto de conocerlo– la presencia de muchas personas como el ex juez Juan Ureta harían más simple y agradable el impactante hecho de votar y participar. Digo agradable porque funcionarios de las características de Ureta en la función pública contribuyen a acercar a la ciudadanía con la administración estatal. A dos años de su alejamiento, su legado sigue intacto.
Ureta era cultor del añejo ejercicio de la coherencia. La mantenía viva desde el Juzgado Civil y Comercial que estuvo durante años a su cargo. Sus allegados en el Poder Judicial lo definen “como una persona muy humana, de extraordinario humor, sensible y comprometida con el sentido de Justicia”. “Poco parecido a un juez”, ironizan hoy.
Entre los miles de candidatos que estarán en los cuartos de votación el domingo próximo hay personas comprometidas, con vocación y sentido público. Juan Ureta no es una excepción dentro del Estado y su ejemplo puede ayudar a pensar en cómo hacer llegar a más personas con sus características.
Nos quedan algunos días para tomarnos tiempo y pensar qué queremos para los próximos años. Entre otras cosas, podemos analizar quiénes pueden representar el anhelo entre lo esperado y posible para los próximos años.
Tengamos en cuenta que el peso de cada voto responde a una lógica básica del mercado: cuanto más se busca, mayor valor toma. Tu voto vale, y no es una expresión vacía de contenido. Si no, pensá en el esfuerzo que hacen por captarlo.

3 comentarios:

Anónimo on: 25 de junio de 2011 a las 12:52 dijo...

Excelente!!!!!

Anónimo on: 29 de junio de 2011 a las 23:07 dijo...

Worman, una nota interesante

Anónimo on: 2 de julio de 2011 a las 14:54 dijo...

Me gusto porque lo rescataste a URETA

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