El pueblo uruguayo tendrá el placer de decidir sobre dos puntos centrales de su vida institucional. Por un lado, una reforma política que permita votar a aquellos electores que residen en el exterior y, por otra parte, nada más ni nada menos, la potencial derogación de una ley que impidió el juzgamiento de los crímenes cometidos durante la dictadura militar.
Aquí cerquita, cruzando el Río de la Plata, se puede respirar algo de democracia. Se puede.
Nota periodística (aquí)

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